CUANDO LAS FLORES SE VUELVEN ARQUITECTURA

Notes · 04

La escala, el espacio y la transformación de lo efímero.

Una flor puede ocupar un recipiente. Cientos de flores pueden transformar la percepción de una espacio.

Cuando una composición vegetal abandona la escala del objeto y comienza a relacionarse con muros, techos, recorridos y cuerpos, deja de funcionar únicamente como un elemento decorativo. Se convierte en una intervención espacial.

La altura modifica nuestra mirada. Una estructura suspendida dirige la atención hacia arriba. Una instalación que atraviesa un espacio puede alterar la manera en que lo recorremos. La densidad, el vacío, el movimiento y la luz adquieren tanta importancia como las especies elegidas.

Diseñar con flores a escala arquitectónica implica pensar más allá de la composición.

También exige resolver cómo se sostiene la estructura, cómo se hidrata el material vegetal, cuánto tiempo permanecerá en condiciones adecuadas y qué sucederá cuando la instalación termine.

A diferencia de una construcción permanente, una instalación floral incorpora el tiempo como parte inevitable de su diseño. Las flores se abren, cambian de posición, pierden agua y eventualmente se marchitan.

Esa temporalidad no necesariamente disminuye su valor. Puede ser precisamente lo que vuelve memorable la experiencia.

La arquitectura organiza el espacio. Una instalación floral puede transformar, durante un instante, la manera en que lo habitamos.

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